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LA LOTERIA DEL AMOR Capítulo 03: Las 4 hermanas de Shaoran y la lotería esperada

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LA LOTERIA DEL AMOR Capítulo 03: Las 4 hermanas de Shaoran y la lotería esperada

Mensaje por DarkSyaoran el Vie Ene 22, 2010 7:38 pm

Otro día ha pasado en Tomoeda City, el reloj marcaba las 9 p.m. y el buen Li Shaoran llegaba a su casa con el fresco recuerdo de haber ayudado a una mujer a dar a luz en un autobús. Debido al tráfico en Tomoeda City, aquella mujer embarazada no pudo llegar a tiempo a un hospital.
Afortunadamente para aquella mujer, Shaoran y Meiling patrullaban muy cerca de allí y ayudaron a la mujer, en el mismo autobús, a traer al mundo un hermoso y robusto bebé al que bautizaron como LI Semla, en honor al buen policía.

Después de tan delicado acto, la gente, muy animada, volvió a aplaudir y a ovacionar al Oficial Shaoran por su oportuna intervención. Él volvería a ser el centro de la noticia para las primeras planas de los diarios de la ciudad.

Cansado por tal emotiva experiencia, Shaoran ingresa a su casa donde vivía con sus 4 hermanas mayores: Fuutie, Shiefa, Fanren y Feimei.

-Shaoran: “Buenas noches, hermanas...”
-Feimei: “Chicas, ya llegó el pequeño de la familia...”
-Shiefa: “Vaya, vaya... si es nada menos que el super – policía”
-Fanren (burlándose): “Miren la cara que trae, chicas... de seguro ayudó a alguien que estaba en apuros...”
-Shaoran (irónico): “Más o menos...”
-Fuutie: “Vaya, nuestro hermano por fin habla, pues ya era hora. Ja, ja, ja...”
-Shaoran: “Sí, si... yo también me alegro de verlas, chicas”

Sus cuatro hermanas eran demasiado indiferentes con su hermano menor, lo trataban como a un niño y no sólo eso, Shaoran era su esclavo favorito. Ellas nunca movían un dedo ni para levantar una simple cuchara.

-Shaoran: “Y ¿Qué hay de cenar?”
-Fuutie: “¿Cenar...?”
-Feimei: “A ninguna de nosotras se nos dio por cocinar, así que decidimos comprar una pizza extra – grande”
-Shiefa: “Lamentablemente para ti, no sobró ningún pedazo de la pizza. Así que si tienes hambre, prepárate algo”
-Fanren: “Pero antes, deberás lavar todos los platos sucios de la cocina”

Ellas odiaban hacer los quehaceres domésticos, ya que más se preocupaban por su apariencia física y satisfacer sus caprichos que de cocinar, limpiar y lavar.
Todas ellas eran modelos aún no conocidas y ansiaban salir en las páginas de alguna revista o diario importante de la ciudad, cosa que su buen hermano ya consiguió por sus hazañas.

Shaoran no tuvo otra opción que ingresar a la cocina y prepararse algo. Su mirada se agrandó al ver los platos sucios que tenía que lavar.
El pobre no sólo lidiaba con los malhechores y con los problemas que su trabajo como policía traía, sino también tenía que soportar los caprichos de sus 4 hermanas mayores.
Muchos preferían mil veces las peligrosas calles de Tomoeda City que la vida con sus cuatro hermanas, pero a pesar del carácter consentido de sus hermanas, Shaoran les tenía cariño y es que él es demasiado paciente con ellas.

Después de una hora y ½, el cansado Shaoran no sólo termina de lavar los platos, sino que terminaba de prepararse unos deliciosos tallarines con Curry.
Ansiando satisfacer su apetito, Shaoran sale a la sala donde estaban sus hermanas, que se entretenían conversando. Él sólo atina a observar a sus hermanas mientras comía de lo más relajado.

-Fanren: “Miren esta revista, chicas. Ya salieron a la venta los últimos diseños de ropa”
-Fuutie: “Déjame ver... Ohhh, pero que belleza. A mi me gusta este conjunto rojo, estoy seguro que me vería fantástica”
-Feimei: “Guauu... me fascina este modelo amarillo, es muy elegante”
-Shiefa: “Y yo... ya le eche ojo a este modelo azul y negro, es muy casual y los detalles están divinos”
-Fuutie: “No aguanto, tengo que comprarme ese conjunto rojo”
-Fanren: “¿Porqué no le echan un vistazo a los precios, chicas?”
-Fuutie (sorprendida): “Queeee...!!! cincuenta mil yenes... es demasiado caro”
-Feimei: “El mío vale cuarenta y cinco mil...”
-Shiefa: “Que coraje... el mío es el más caro... cuesta sesenta mil...”
-Fanren: “Por esa razón, no escogí ningún modelo, ya que me había percatado de lo caro que cuesta cada vestido”
-Fuutie (molesta): “¡¡¡Que tonta...!!! ¿Porqué no nos dijiste eso desde un principio?”
-Shiefa: “Sí Fanren, me hiciste ilusionar muchísimo con ese vestido azul y negro”
-Feimei: “Yo quiero ese modelo amarillo, lo quiero... lo quiero”
-Fanren (presumiendo): “Yo no soy como ustedes, soy mucho más lista...”
-Fuutie (furiosa): “¡¡¡Que dijiste...!!!”
-Fanren: “En vez de estar llorando por los vestidos que no se pueden comprar, porque mejor no buscan un chico guapo, con mucho dinero y hacen que ellos se los compren”
-Shiefa: “Sí, Fanren tiene razón”
-Fanren: “No cabe duda que soy la más lista de todas. Ja, ja, ja...”
-Fuutie: “Ah sí... pues si te crees tan lista, entonces nos puedes decir ¿Por qué ese tal Ben te dejó?”
-Fanren (molesta): “¡¡¡No me dejó...!!! Lo que pasa es que tuvo que viajar a Suiza. Que no les conté que él vive en ese país”
-Fuutie (con una mirada de si como no): “Sí, claro...”
-Shiefa: “Ella aún cree que volverá...”
-Fanren (ilusionada y suspirando): “Por supuesto que volverá... él me prometió que me iba a lleva a escalar los Alpes Suizos, ahhhh... que romántico”
-Feimei: “Sí, claro... Fanren en el país de las maravillas”

Fanren nunca admitirá que el chico llamado Ben la dejó por lo egocéntrica y vanidosa que es y por esa razón, se regresó a su natal Suiza.

-Fanren (molesta): “Ya dejen de molestarme”
-Fuutie: “Pero que decepción chicas, tantos vestidos bonitos y no podemos comprar alguno”
-Shiefa: “Ni juntando las cuatro juntas, podemos comprar uno”
-Fanren: “Sí... yo también tenía un modelito, pero vi el precio y casi me muero”

Todas suspiraron, frustradas porque no podían comprarse ningún vestido. Su trabajo como modelos no les era suficiente para satisfacer todos sus grandes caprichos.
Shaoran, con buena voluntad, intentaba animar a sus cuatro hermanas, o eso era lo que pensaba.

-Shaoran: “Vamos chicas, no se aflijan... si ustedes son bonitas y tienen los mejores vestidos”

Sus cuatro hermanas no vieron con buenos ojos su intento por animarlas.

-Feimei (agarrándole el cuello): “Enano... porque mejor no te callas”
-Fuutie: “Sí... A ti ¿Quién te ha dado vela en este entierro?”
-Shiefa: “Y tú ¿Qué sabes del buen vestir?”
-Fanren: “Si al menos fueras investigador privado, vestirías muy decentemente. Pero no, todo el día paras con ese horrible uniforme”
-Feimei (ahorcándolo): “Así que mejor cállate o te irás a patrullar las calles con un vestido, entendido hermanito...”
-“Rayos... porque no me quedé callado” pensaba Shaoran, víctima de la molestia de sus hermanas.

Un rato después, Shaoran estaba sentado en su lugar favorito, un cómodo aunque viejo sillón. Desde allí, él veía muy nostálgico el retrato de su madre Li Ieran.
Mientras tanto, sus cuatro hermanas trataban de entretenerse viendo la televisión.

-Fuutie: “Que aburrimiento...”
-Feimei: “Sí, lo mismo digo. Cámbiale de canal Fanren”
-Shiefa: “Veamos que hay de nuevo en el canal de modas”
-Fuutie: “¿Para qué? Para ilusionarnos con los hermosos vestidos que enseñarán y que no podemos comprar”
-Shiefa: “Sí, tienes razón Fuutie”
-Fanren: “Anímense chicas, veré que hay en la televisión. Quizás encuentre una película de Brad Pitt”
-Feimei: “Yo prefiero una película con Jet Li... me gustan sus músculos”
-Shiefa: “Yo quiero ver una película con Matt Damon”
-“Que infantiles son... ilusionándose con estrellas de cine... yo prefiero ver a mi atlético David Beckham, él sí que es un monumento...” pensaba alegremente Fuutie.

Cuando Fanren cambiaba de canal, un comercial llama la atención de Shiefa.

-Shiefa: “Un momento Fanren... quiero ver ese comercial”
-Fanren: “Está bien...”
-T.V. “Todavía no hay un ganador, señoras y señores... Ahora el pozo se acumuló hasta los 30 millones de Yenes... ¿Quién? ¿Quién será el suertudo que se llevará tal cantidad de dinero? Compren, compren su lotería... el ganador puede ser usted”
-Fuutie: “Pero Shiefa, sólo es un comercial de la lotería”
-Feimei: “Sí, mejor cámbiale de canal Fanren”
-Shiefa: “Que no se dan cuenta, tontas... si ganamos la lotería, seremos millonarias...”
-Fanren: “Tú crees...”
-Shiefa: “Pues claro, con esa cantidad de dinero podemos comprarnos muchos vestidos y todo lo que queramos”

Después de un momento de silencio, Fuutie, Fanren y Feimei comprendieron que su hermana Shiefa tenía razón. La idea de ganar la lotería les permitiría satisfacer sus más grandes ambiciones.
El silencio que se sentía en la sala de la casa de Shaoran se rompió de golpe cuando sus hermanas mostraron su algarabía.

-Las cuatro hermanas (muy alegres): “¡¡¡Que bien...!!!”

El optimismo de las cuatro chicas de ganar la lotería más grande de la ciudad era total.
Por tanta algarabía, había un pequeño detalle que ellas no habían pensado. Para ganar la lotería, se necesitaba tener números...

-Fanren: “Un momento chicas... ahora ¿Qué números escogeremos?”
-Fuutie: “Tienes razón...”
-Feimei: “¿Cuántos dígitos son, Shiefa?”
-Shiefa: “Son un total de ocho...”
-Fanren: “Ya sé... cada una escogemos dos números y asunto arreglado”
-Fuutie: “Buena idea...”

Cada una tuvo que escoger dos números. Para ellas, algo tan sencillo se les hizo muy complicado, ninguna sabía que números escoger.
Después de aproximadamente dos horas, las cuatro hermanas ya tenían sus números.

-Fanren: “Muy bien, ya tenemos los números. Ahora nos falta comprar el boleto”
-Fuutie: “¿Hasta cuando tenemos plazo para comprar el boleto?”
-Shiefa: “El sorteo es dentro de dos días. Así que debemos comprarlo entre mañana y pasado mañana a más tardar”
-Fuutie: “Y ¿Quién de nosotras lo va a comprar?”

Ninguna quería comprar el boleto, pero, había alguien que si tenía el tiempo suficiente para comprarla.

-Feimei: “¿Por qué no lo mandamos al enano a que nos compre por nosotras?”
-Fanren (burlándose): “Sí, él se encargará de cumplir esa misión, por algo es policía. Ja, ja, ja...”

Todas quedaron conformes con lo que proponía Feimei.
Al rato, las cuatro se le acercan a su hermano menor. Él se encontraba dando una siesta en su sillón favorito.

-Feimei (gritando): “¡¡¡Despierta enano...!!!”

El cansado Shaoran se despierta bruscamente al escuchar el grito de su hermana Feimei.
Él casi se cae de su cómodo sillón.

-Shaoran (somnoliento): “¿Qué pasa? ¿Qué sucede?”
-Feimei: “Escúchame bien enano... quiero que mañana compres un boleto de lotería”
-Shaoran (bostezando): “Eeeeaaahhh... ¿Un boleto de lotería...?”
-Fanren: “Sí, acaso estás sordo”
-Fuutie: “Estos son los ocho números y cuidadito que te vayas a equivocar, eh...”
-Shaoran (resignado): “Está bien, está bien... mañana compraré su boleto. Pero déjenme dormir, estoy muy cansado...”
-Shiefa: “No te vayas a olvidar, porque el sorteo es dentro de dos días y tenemos plazo hasta pasado mañana”
-Feimei: “Escuchaste bien, enano...”
-Shaoran: “Sí, si... no se preocupen... mañana lo compro. Déjenme dormir por favor, hermanas, he tenido un día muy agitado”
-Feimei: “Está bien... vámonos chicas, dejemos dormir al enano...”

Después de prometer a sus hermanas que compraría el boleto, Shaoran duerme merecida y profundamente.
Sus cuatro hermanas, cansadas del largo día, aunque no habían levantado un dedo ni para cocinar, decidieron hacer lo mismo que su hermano menor.

Al día siguiente, era el mismo cuento de todos los días, Shaoran preparaba el desayuno para sus cuatro hermanas, y para lograr preparar cuatro desayunos, él se levantaba muy temprano.
Después de tal acto de cariño hacia sus hermanas, él estaba esperando que ellas salieran del baño para poder asearse. Él tenía su toalla, su cepillo de dientes y su peine.
Shaoran tuvo que esperar ½ hora para entrar al baño.
Un rato después y con el uniforme de policía ya puesto, Shaoran estaba listo para afrontar otro día en las calles de Tomoeda City.
Antes de irse, él se despide de sus cuatro hermanas que no se inmutan porque estaban desayunando amenamente. Ni un Adiós, ni siquiera un Que te vaya bien se escuchó en alguna de ellas. Pero, eso no le importaba al buen Shaoran, las quería a sus hermanas tal como son.

Afuera de su casa, se encontraba estaba esperando en el patrullero, como todos los días, la sargento Meiling.

-Meiling: “Buenos días Shaoran...”
-Shaoran: “Buenos días sargento...”
-Meiling: “Te ves muy cansado Shaoran... ¿Acaso te hicieron algo tus hermanas?”
-Shaoran: “No Mei, sólo me pidieron que compre un boleto de lotería”
-Meiling (extrañada): “Un boleto de lotería, dices...”
-Shaoran: “Sí...”
-Meiling: “Pero ahora, que se traerán las locas de tus hermanas”
-Shaoran: “Sólo tienen la ilusión de ganarse la lotería del país, Meiling”
-Meiling: “Pues, el que merece ganarse la lotería eres tu, Shaoran...”
-Shaoran: “No lo sé, Meiling, nunca he pensado en eso... mejor vámonos o se nos hará tarde”
-Meiling: “Entendido, en un segundo estaremos en la Jefatura”
-Shaoran: “Sí, pero hazme el favor de conducir a baja velocidad, la última vez que me llevaste rápido a la Jefatura, llegué con los pelos parados, casi me da un infarto por creerte una corredora de fórmula uno...”
-Meiling (con una cara de inocente): “Ji, ji, ji... discúlpame Shaoran, te prometo que conduciré despacio...”

Cuando la sargento Meiling enciende el patrullero, se le ocurrió hacer lo mismo que hace todos los días, conducir el vehículo a más de 75 Km./hora. El pobre de Shaoran fue víctima de nuevo de sus promesas sin cumplir.

Ganarse la lotería es el gran sueño de las inquietas hermanas de Shaoran, cada una soñaba en comprarse el vestido que más les gustaba y no sólo eso, ser no sólo las más ricas de la ciudad, sino las más populares en todo Tomoeda City.

Pero, ganar la lotería no era tan sencillo como parece, las posibilidades de ganar era una en un millón, no basta con sólo ser optimista. Ganar la lotería era cuestión de algo tan indispensable en estos casos... La suerte.

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